viernes, 18 de noviembre de 2016

Relatos: DE INDIOS Y VAQUEROS

Hola de nuevo.

"Childhood memory" by Stewart Black (CC BY-SA)
He estado un tiempo bastante largo apartado del blog, y hoy finalmente traigo algo para acabar con la sequía de la página. Pido disculpas por la falta de continuidad, pero, como ya sabéis algunos, ando un poco a la gresca con las musas, y, simplemente las cosas no salen. Llegué a un punto en que no estaba cómodo escribiendo, y no podía quitarme la sensación de impostura cada vez que intentaba plasmar alguna historia. No tengo otra excusa que la de reconocer que no me estaba divirtiendo igual que antes.

Y, aunque creo que aún necesito un tiempo para retomar la normalidad en este campo, estos días me he puesto a repasar textos antiguos que, por una cosa u otra, no salieron a la luz. A lo mejor no tengo ahora la seguridad para emprender nuevos caminos, pero al menos puedo ir corrigiendo algunos relatos que estaban algo cojos.

El que os traigo hoy llevaba un par de años en el cajón y, aunque es algo oscuro para lo que suelo plasmar, decidí darle una puesta a punto y ponerlo por aquí.

Y poco más. Que espero que lo disfrutéis y de nuevo disculpas por estar desaparecido (también para leer vuestros blogs). Espero que este sea un punto de partida para empezar de nuevo.

Y a los que habéis vuelto a esta mi morada, gracias por la paciencia.

De indios y vaqueros

Muchas tardes de verano, cuando el sol empezaba a esconderse, los niños bajaban a toda prisa por la colina hasta el pueblo, en su particular persecución entre indios y vaqueros. Mientras llegaba la hora, sentados en el bar de la plaza entre charlas y cervezas, los padres aguardábamos su regreso, discutiendo cuál de los chicos habría hecho la mayor trastada esa semana y cuál volvería en peor estado al final de la velada. Y es que ya nos habíamos acostumbrado a recibirlos embarrados hasta las cejas, más de uno con un agujero nuevo en el pantalón. Pero no se podía esperar nada distinto de unos críos que apenas habían soplado diez velas. Recipientes de energía infinita, sus alegres chillidos solían escucharse por todo el bulevar mucho antes de que alcanzáramos a divisarlos. Unos instantes después llegarían en tropel, siempre con la lengua fuera y una enorme sonrisa, más amplia si eran del bando que había ganado la contienda.  

Pero, aquella última tarde de julio, no bajaron. Y nuestra vida cambió de golpe.

lunes, 11 de julio de 2016

Relato infantil: HAY UN DRAGÓN EN MI CAMA

"Yellow Dragon Head" by brendangates (CC BY-NC-ND)
Después del atracón que supuso PIGs, hoy os traigo algo mucho más ligero, un pequeño cuento infantil que presenté hará hace un par de años a un concurso de ...¡colchones!

En su momento no pensé en publicarlo, pues no deja de ser un relato muy menor, pero una compañera de trabajo me contó que a sus hijos les había encantado, así que, si al menos sirve para entretener un rato a los chavales estas vacaciones, bienvenido sea. Qué no todo pueden ser relatos de decenas de páginas, jeje.


Hay un dragón en mi cama

Cuando desperté me di cuenta de que me acababa de convertir en un enorme dragón. Tenía la piel dura como el acero, mis colmillos medían casi tres metros y, sobre todo, tenía mucha hambre.
 
De repente, oí a lo lejos una especie de grito que no pude identificar. Impulsado por los rugidos famélicos de mi tripa, corrí en dirección a aquel sonido arrasando con cientos de árboles a mi paso. Ya casi podía saborear el festín que pronto me iba a encontrar. Pero, lejos de descubrir a un suculento jabalí o un rollizo ternero, con lo que topé fue con una vieja torre, en cuya ventana más alta berreaba una hermosa princesa.
 
Intrigado, me acerqué a ver que le sucedía. Seguía teniendo hambre, pero no podía comerme a alguien que estuviese llorando. Que uno es un monstruo mitológico, pero tiene sus principios.
 
Al llegar a su altura, le pregunté por qué lloraba. Lo hice con cuidado, pues me imaginaba que una niña de su edad se horrorizaría ante la visión de un ser espeluznante como yo. Pero para mi sorpresa, la chiquilla, no sólo no se asustó, sino que puso los ojos como platos y, durante un instante, incluso pareció recobrar la alegría que había perdido.
 
Tratando de contener la excitación ante mi presencia (según me dijo le encantaban los ‘lagartos’), trató de explicarme el motivo de su galopante pesar. Resultó que el malvado príncipe azul la había encerrado en aquella torre, impidiendo así que saliese a jugar con sus amigos del bosque.
Aquella confesión me indignó de sobremanera. El maldito príncipe siempre estaba detrás de alguna desgracia. De hecho, estaba casi seguro de que tenía bastante que ver con que esta mañana me hubiese levantado convertido en esta especie de dinosaurio escupe-fuego. Pero esto no iba a quedar así. Aprovechando mi nuevo feroz aspecto podría darle la lección que tanto se merecía.
 
   — Tranquila princesa. Yo, el dragón terrorífico, juro por mis colmillos que remendaré los males cosechados por el diabólico príncipe.
 
Envalentonado, en una señal de juramento, levanté enérgicamente mi amenazadora pezuña y…
 
   — ¡Ay, papi! — Gritó la doncella — ¡Qué me has dado con la garra en el ojo!
 
Por lo visto, como dragón me había emocionado un poco y no había cuidado la distancia con la princesa. En un momento, nuestra fantasía caballeresca caía como un castillo de naipes. El bosque volvía a ser cama y la torre, una pila de almohadas.
 
   — Perdona, princesa… es que, ya sabes, me he emocionado con el cuento y…
 
La niña me echó una mirada matadora y, antes de que pudiese reaccionar, se tiró directa a mi yugular.
 
   — ¡¡Aquí está mi venganza!! —Gritaba la chiquilla entre risas — ¡Te voy a echar un hechizo de fuego!
 
   — ¡Pero yo soy un dragón, así que el fuego me encanta! ¡¡¡Ahí va mi contra-hechizo de cosquillas!!!
 
Así, entre risas y conjuros, acabamos tirados sobre el colchón, agotados de tanta odisea. Pero justo cuando creía que podría cerrar los ojos durante cinco minutos, la pequeña se incorporó de nuevo y empezó a tirarme del pijama.
 
   — ¡Papi, papi! ¿Y si ahora soy mejor una sirena y tú el ‘tigurón’?
 
Me miraba con los ojos llenos de excitación ante la idea de emprender nuestra nueva aventura. No pude hacer otra cosa que sonreírle y colocarme la mano a la espalda. El tiburón más fiero de los siete mares estaba listo para la persecución.
 
Lo cierto es que, desde que la pequeña Elisa entró en nuestras vidas, se han acabado las mañanas tranquilas, pero, qué demonios, nunca despertar había sido tan divertido.
 

jueves, 16 de junio de 2016

Relatos: PIGS (completo)

Con el final publicado ayer, ya puedo hacer la recopilación y colgar el texto completo, por si alguien
lo quiere leer del tirón. Es un texto muy largo (más del doble que mi siguiente más extenso), pero ya más de una persona me ha comunicado que prefiere disfrutarlo de esta manera.

Os recomiendo concienzudamente que lo leáis con la lista de música preparada para la ocasión. El relato se escribió con ella siempre presente, y creo que la atmósfera que quería mostrar está muy bien contenida en las letras y la música de Waits.
 
Playlist TOM WAITS for PIGS


Y nada más. Este ha sido un viaje agotador y ahora toca desintoxicarse. Si os ha gustado, compartidlo con vuestros allegados. Si lo habéis detestado, hacedlo con vuestros enemigos, que, como mosca cojonera, Frank no tiene parangón.

Y gracias por dejarme compartir las copas con vosotros.


— PIGS —

I - Cóctel de bienvenida

Justo antes de llegar al polígono industrial, alejado de las calles del centro, se esconde un viejo local, cloaca de encuentro para solitarios tristones, aventureros en busca de la última. “Bienvenidos al mayor tópico de la ciudad”, parecen gritar sus puertas, olvidada madera carcomida donde se amontonan termitas en tedioso banquete. Por aquí ya no pasean ni las prostitutas y los policías hace tiempo que dejaron de fardar de neones parpadeantes. Solamente tienen que fijarse en el cartel colgando del tejadillo, una botella medio vacía, para hacerse una idea del tipo de gente que van a encontrarse si se aventuran a pasar. Es atravesar el umbral y golpearte un tufo dulzón, olor a vómito y pesimismo. Cada vez que inunda mis fosas nasales me pregunto por qué demonios sigo viniendo a trabajar a este decadente lugar.
Pero no es mi intención disuadirles. ¿Me acompañan a su mesa?

Relatos: PIGS. Capítulo VII. La última

Por fin. Después de casi 18.000 palabras y casi tres meses de darle vueltas, hoy el bar echa el cierre.

Ha sido una borrachera con idas y venidas, discusiones y abrazos, verdades y secretos. Y sobre todo muchos dolores de cabeza para el que suscribe. Tras poner el punto y final, sigo pensando que ha quedado más un experimento que un relato, y que la intención se mantiene intacta, pues siempre ha sido saber hasta que punto una conversación que intenta ser realista, puede ser a la vez suficientemente literaria. Qué lo haya conseguido o no es lo que los lectores tendréis que valorar.

Quiero desde aquí agradecer con entusiasmo a los que habéis seguido hasta el final el periplo de estos cerdos de botella y cigarro. Espero que os hayáis encariñado, aunque sea un poquito, con el singular Frank, que el tipo ya está pidiendo incluso tener sección propia, no soporta el hecho de dejar de ser el protagonista. Si me descuido hasta me cambia el nombre del blog. Tiempo al tiempo.

Por aquí os dejo los capítulos anteriores:

I y II. Cóctel de bienvenida y Primera copa.
III. Ronda de chupitos.
IV. Juegos de beber.
V. Barra libre.
VI. Cogorza.

Como siempre, recomiendo leerlo escuchando de fondo la Playlist musical:
Tom Waits for PIGS
Para los vagos como yo, unos ejemplos aparte (están todos en la playlist):


Y, como nota final, comentar que al final del texto hay otra canción que, sorpresa, no tiene nada que ver con Waits, así no acusáis al texto de falta de variedad...

Sin más retraso, os dejo con la última canción de Frank Wild (al menos por el momento). Él me asegura que es la mejor de su repertorio. Juzguen ustedes mismos.



PIGS.

VII – La última

Ya hace un buen rato que mi amiga, la bañista del reloj de pared, ha paseado los brazos por el lado este de la esfera, desvelando que, inevitablemente, la noche toca a su fin y ya no queda mucho que contar.
Si hasta hace bien poco los sonidos se mezclaban en una singular melodía, ahora la estancia se ha quedado muda, la algarabía es sólo un recuerdo y cualquier estridencia resuena indiscreta por todo el local. Incluso los bichos parecen haberse ido a dormir, dejando el lavabo callado como una tumba.

Son estas horas, íntimas y melancólicas, las que compartiremos unos pocos privilegiados en este fin de fiesta, más ahora que el resto de clientes se ha marchado, que no importa cuán baratas sean las bebidas, llega un momento que no entra nada más por el buche. Aunque para Frank y compañía no parece aplicarse esa máxima, y el licor sigue entrando en la mesa como si aquello fuera la cinta transportadora de un aeropuerto. Pero, a parte de su frenesí, lo cierto es que todo apunta a que va a ser un cierre tranquilo y no van a tener que preocuparse por invitados inesperados ni aguafiestas vestidos de uniforme.

miércoles, 8 de junio de 2016

Relatos: PIGS. Capítulo VI. Cogorza.

Antes de nada, disculpad el retraso, estos días apenas encuentro hueco para hacer las revisiones y por eso ser retrasan las entregas. Pero, por fin, aquí llega el 6º capítulo de nuestros queridos cerdos. A falta de un episodio, Frank nos
desaconcertará con un rocambolesco análisis de los deseos más primarios. Sexo, cine y algún que otro reproche se dan la mano en esta antesala del gran final.
¿Hace otra copa?

Nota: En el texto hay 'spoilers' de la película Cinema Paradiso. El que avisa no es traidor.

Capítulos anteriores:

I y II. Cóctel de bienvenida y Primera copa.
III. Ronda de chupitos.
IV. Juegos de beber.
V. Barra libre.

Como siempre, recomiendo leerlo escuchando de fondo la Playlist musical:
 Tom Waits for PIGS

Aquí un par de ejemplos:




 






PIGS

VI – Cogorza

Hay horas en la noche en que todo parece tener una cadencia muy particular. Desde hace un rato, el cantar de las chicharras lleva colándose desde la puerta del baño, un vibrato en compás uniforme que resuena cada vez que alguien se levanta a cambiarle el agua al canario. Tras la barra, en un descanso de mi labor de comentarista, me entretengo observando el decrépito reloj de pared que se eleva sobre la estantería de las bebidas. En una imagen que ya ha empezado a olvidar el color, una joven anuncia una importante marca de refrescos en pose seductora. Además de la encantadora sonrisa, únicamente lleva puesto un bañador estilo marinero, de los de hasta las rodillas, el típico que seguro ponía a tono a nuestros abuelos. Si se fijan más en detalle, descubrirán a la pizpireta muchacha guiñándonos un ojo de pestañas sombreadas, al tiempo que mueve su brazo que hace las veces de minutero. Y así, ensimismado en las curvas que asoman en las caderas de la ‘pin-up’, voy, poco a poco, dejándome mecer por el vaivén de los diferentes sonidos. Al ritmo del ‘cri-cri’ de los divos insectos, el repicar de la peculiar aguja juega a acompasarse con el murmullo de las escasas conversaciones que aún nos acompañan; una tos seca por años de vicio que se adelanta al ‘chin chin’ de algunas copas incansables; un hilo musical casi imperceptible tratando de hacerse notar con un aullido de saxofón in crescendo. Y como escenario, una espesa cortina onírica, humo de hilos danzantes que juegan a inventar sombras chinescas, ocultando con sus formas algún que otro labio que se muerde con remordimiento, dudando si lanzarse a entonar sus penurias en una melodía. Viajando a lomos de la niebla, los “Mi jefe es un capullo”, “Mi mujer me engaña”, y los “Todo es una mierda” se mezclan en esta sinfonía imperfecta, una que edulcorada con unas cuantas copas de más, bien podría ser una canción de Frank.
En definitiva, todos los instrumentos en posición esperando al hombre orquesta, a que la última partitura dé comienzo.

martes, 31 de mayo de 2016

Relatos: PIGS. Capítulo V. Barra Libre.

Os dejo el 5º capítulo de esta etílica divagación. Hoy nos preguntamos que significa realmente una canción. Una pequeña transición para la traca que tiene Frank preparada para los últimos dos capítulos. Espero que lo disfrutéis.

Capítulos anteriores:

I y II. Cóctel de bienvenida y Primera copa.
III. Ronda de chupitos.
IV. Juegos de beber.

Playlist musical: Tom Waits for PIGS








PIGS

V – Barra libre

Pasan de largo las dos de la mañana. Dicen los cuentos que a las niñas buenas hace rato que se les convirtió la carroza en calabaza y las malas están en otro lugar mucho más divertido que éste. Y, sin embargo, aquí siguen ustedes, morbosos buitres planeando alrededor de estos moribundos, tratando de averiguar cuan bajo puede caer un hombre cuando se le condimenta la lengua con alcohol.

Coincido con ustedes en que es un espectáculo delicioso.

viernes, 27 de mayo de 2016

Relatos: PIGS. Capítulo IV. Juegos de beber.

Os dejo con el cuarto capítulo de esta odisea borracha entre Frank y sus acólitos.

Pongo por aquí los enlaces a los capítulos anteriores:

Capítulos I y II
Capítulo III. Ronda de chupitos.

También os dejo con la playlist de la música de Tom Waits seleccionada para esta historia, y os saco un tema a los perezosos que no os apetece entrar en la lista.

Playlist: Tom Waits for PIGS







Gracias por seguir este experimento. Sentíos libres de criticar lo que veaís, si se os hace pesado incluso, pues una de las funciones de este experimento es ver hasta que punto puedo abusar de los diálogos sin llegar a hartar.

Gracias por el apoyo.

PIGS

IV – Juegos de beber

“El show debe continuar” cantaba Mercury ante un estadio de Wembley entregado. Y esa ha sido siempre la máxima de Frank desde que lo conozco. Habitualmente no sabes donde empieza el personaje y donde continúa con el siguiente. De la persona, ni rastro.

domingo, 22 de mayo de 2016

Relatos: PIGS. Capítulo III. Ronda de chupitos.

Con un pelín de retaso os dejo el capítulo tres de Pigs, dónde ya nos ponemos a hablar, que es de lo
que va este experimento.

Os dejo el enlace de los dos primeros capítulos por si no los habéis leído: PIGS. Capítulos I y II

También os vuelvo a poner el enlace a la playlist de youtube creada especialmente para el relato con las canciones de Tom Waits: Playlist PIGS
Y este par de temas de ejemplo:










Y un apunte, hay una canción en el texto que está en inglés. No me ha parecido ponerla en el texto en castellano, ya que la rima y el tempo están pensados para ser cantadas en ese idioma. Sí queréis ver la traducción al español, sólo pinchad en la letra y os enlazará con otra página dónde he colgado las dos versiones.

Espero que disfrutéis del capítulo y comentad lo que os guste y lo que no. ¡Pronto seguiré con las andanzas de Frank!

III – Ronda de chupitos

Decía mi madre que la vergüenza hay que dejarla para los muertos, y que la vida está para comérsela a dentelladas. No puedo decir que me aplicase el cuento a rajatabla, a la vista está, pero al menos tengo a Frank para demostrarme cada día que mi progenitora no andaba desencaminada.

Porque, como habrán podido apreciar, los rostros estupefactos de esos dos ante la eufórica entrada del músico, no han impedido que éste se haya sentado a la mesa con ellos. Con la silla volteada y la expresión de un niño que espera los regalos de navidad, agita nervioso el pie, deseando que empiece la fiesta.  



— ¿A qué vienen esas caras, compadres? La noche es joven y el local invita a otra ronda.

Los hombres permanecen aún desconcertados por la esperpéntica escena, pero ninguno parece atreverse a mandar a paseo a su nuevo anfitrión. El que está a la izquierda de Frank, un tipo delgado y alrededor de la cuarentena, se ajusta las gafas al tiempo que se atusa la canosa perilla visiblemente incómodo. El otro, en cambio, se diría algo enfadado ante la intrusión.

— ¿Y tú quién eres? ¿El dueño? — le increpa.

— Qué dios me libre. — contesta Frank con sorna mostrando unos piños amarillentos — Digamos que tengo un acuerdo con la casa. ¡Pidan, pidan, no se queden con las ganas!

miércoles, 18 de mayo de 2016

Relatos: PIGS. Capítulos I y II.

Por fin, tras muchas vueltas y noches en blanco, empiezo hoy a publicar un nuevo experimento. Se
trata de Pigs, una especie de borrachera de diálogos entre perdedores de barra, cutres filósofos de copa y cigarro.

 Creo que más que nunca esta historia es más experimento que relato, pues mi intención ha sido jugar con los diálogos y llevarlos al límite. He tratado de hacerlos lo más realistas posible, que sean todo lo orgánicos que se pueda sin llegar a aburrir. Qué lo haya conseguido o no está por ver.

Todo esto viene por que me suele molestar bastante el hecho de que muchos de los diálogos que leo están tan supeditados a la trama que me suenan totalmente impostados. Es decir, que veo que van directamente al meollo, al quid de la cuestión, y es algo que me ha parecido muy irreal. Pienso que en una conversación, para llegar a decir algo, primero divagamos hablando de banalidades, anécdotas y demás. Aquí he tratado de contar precisamente eso, los tópicos y chorradas que contamos entre amigos, especialmente si hay alcohol de por medio.

Ojo, el título no engaña a nadie. Voy a hablar de cerdos, tipos con pocas luces que se calientan la lengua hablando de sexo y gustan de aparentar ser más hombres de lo que son realmente.  Evidentemente, el pensamiento de los personajes  no tiene que coincidir con el mío (que está mucho más en la línea del relato "Mi mejor amiga"). Únicamente trato de poner en relieve los tópicos que nos rodean, de los que en mayor o menor medida todos hemos sido testigos o participes

Pero bueno, sin detenerme más en ese tema, únicamente añadir que la inspiración para el relato viene dada por la figura canallesca de Tom Waits, el artista de voz agrietada siempre pegado a un cigarro y un vaso de whisky. Es su presencia, turbia y exageradamente melancólica, la que da vida al personaje de Frank Wild (guiño a un alter ego del propio Waits en su disco "Frank Wild Years"), un cantante y pianista amante de las grandilocuencias y los discursos retóricos.

Concretamente, la idea llegó de la mano de esta canción, Rain dogs:








Cómo quiero que conozcáis al genio de Waits, añado, para que os empapéis de su música,  una playlist de youtube, confeccionada especialmente para esta historia: Playilist- Tom Waits for Pigs


Y no olvidéis comentar estos dos capítulos. En un par de días cuelgo el tercero.


PIGS
I - Cóctel de bienvenida
Justo antes de llegar al polígono industrial, alejado de las calles del centro, se esconde un viejo local, cloaca de encuentro para solitarios tristones, aventureros en busca de la última. “Bienvenidos al mayor tópico de la ciudad”, parecen gritar sus puertas, olvidada madera carcomida donde se amontonan termitas en tedioso banquete. Por aquí ya no pasean ni las prostitutas y los policías hace tiempo que dejaron de fardar de neones parpadeantes. Solamente tienen que fijarse en el cartel colgando del tejadillo, una botella medio vacía, para hacerse una idea del tipo de gente que van a encontrarse si se aventuran a pasar. Es atravesar el umbral y golpearte un tufo dulzón, olor a vómito y pesimismo. Cada vez que inunda mis fosas nasales me pregunto por qué demonios sigo viniendo a trabajar a este decadente lugar.
Pero no es mi intención disuadirles. ¿Me acompañan a su mesa?

domingo, 10 de abril de 2016

Minirelato: LA BALADA DEL COSMONAUTA

Hoy os traigo otro cuento corto (600 palabras) de los que tanto me cuestan (eso de racanear palabras de verdad que me duele). Es un cuento para el certamen de "El marciano" del Círculo de Escritores.

Lo escribí pensando en esta canción de James Taylor, que es muy blandita, pero, que queréis que os diga, a mi me gusta.

 







LA BALADA DEL COSMONAUTA

La arena del planeta empieza a deslizarse como un día ventoso de playa. Las rojizas cordilleras casi parecen estar bailando un mudo vals y la luz se esconde rauda en el horizonte. Pronto no quedará más que oscuridad en el infinito desierto.

Como tus ojos, Tanya.

Justo en el momento en que el último rayo abandona la superficie marciana, con ese último destello, casi me parece tenerlos delante. El mismo fuego oculto bajo la tristeza más negra. “No puedo estar con alguien como tú”, había sido tu respuesta.

«Base de Baikonur llamando a transbordador.»

Decían en la academia que el espacio era un lugar frío y solitario. Advertían que el miedo a no regresar llegaba a ser paralizante. En cambio a mi, el estar observando esta esfera vestida de arcilla durante horas, sólo me provoca una abrumadora tranquilidad.
Solías decir que esa actitud me hacía parecer un marciano. ¡Qué apodo más irónico ha resultado ser!

Sentado en la cabina, suelo escuchar los discos en inglés que tanto nos gustaban, mientras me dejo invadir por la nostalgia. Al menos a millones de kilómetros de la Tierra aún podemos escuchar a los capitalistas.

«Torre de control a Teniente Bokurov, responda. »

Una suave y nasal voz resuena desde el cuadro de mandos, mientras que, acompasados a la música, un par de asteroides giran frente a la ventana, seduciéndose el uno al otro hasta su inevitable destrucción. Qué suerte tienen de poder estar juntos hasta el final. A nosotros se nos cruzó un brillante astro en la pista de baile.

Le llamaban Valentino por su parecido con el actor y sus innegables capacidades de seducción. Era de los que miraba por encima del hombro y se vanagloriaba de heroicas gestas, imposibles de comprobar. A ti te encandiló bien pronto. “Un camarada de los de verdad”, alardeabas al tiempo que me juzgabas condescendiente con tus ojos ya apagados. Pero como no darte la razón si me importaba un comino en que país acabáramos si podía tenerte.

Oí que os casasteis nada más terminar la academia.

«¡Bokurov, coja el maldito comunicador! ¡Es capital que regrese, la patria necesita del transbordador!. »

Supongo que tendré que contestar, será algo nuevo de su cansina e interminable guerra.
Ya hace trece años del viaje con el que Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en órbita. Nos recuerdo, dos niños ansiosos frente a la radio del Sr.Gusev para escuchar la hazaña. “Dicen que esto acabará con la disputa”, te aseguré entonces. “Eres un niño muy raro”, sonreíste con fulgor en los ojillos. Aquella noche prometimos que si Gagarin no traía la paz de las estrellas lo haríamos nosotros.   

«Aquí ‘el marciano’, inicio protocolo»

Mientras comienzo a reiniciar los paneles, me visualizo en mi papel al regresar a la Tierra. Otro peón en un absurdo conflicto, patriota para mis camaradas y villano para los del otro lado del océano. Y sin haber podido cumplir la promesa que nos hicimos.

Decepcionado, observo el terroso planeta por última vez tratando de hallar la respuesta.

«Bokurov, cortando comunicaciones. Ha sido un placer, camaradas.»

En este 22 de agosto de 1974, sin discernir entre día o noche que anotar en el diario, cambio el rumbo de la nave y me dejo caer suavemente en dirección al planeta rojo.

El bufido de los motores desperezándose me devuelve una euforia que ya no recordaba. Río como un loco sólo con pensar en cómo van a enloquecer en Moscú.

En pocas horas le haré por fin verdadera justicia al apodo que me pusiste.

A mi regreso seguro que Valentino se va a morir de envidia.